Aromatizar una oficina requiere equilibrio. El espacio es compartido por personas con preferencias distintas, por lo que conviene utilizar fragancias limpias, discretas y de intensidad moderada.
Primero debe calcularse la superficie que necesita cobertura. Un equipo pequeño puede funcionar en una recepción, pero no distribuirá el aroma correctamente en una planta amplia. Elegir el difusor según los metros cuadrados evita tanto zonas sin aroma como concentraciones excesivas.
Después conviene definir el objetivo: recibir visitantes, acompañar áreas de trabajo o crear una transición agradable en salas de juntas. Los perfiles cítricos, verdes y amaderados ligeros suelen integrarse con facilidad en ambientes profesionales.
Finalmente, programa el equipo para funcionar durante el horario laboral y realiza ajustes graduales. Una aromatización bien calibrada debe percibirse como parte del espacio, no como un elemento que compite por la atención.

